En un lugar destacado de la travesía de Bollullos, sus rótulos de azulejos sevillanos en la fachada principal eran el perfecto reclamo para todo el que pasaba hacia El Rocío o Matalascañas.
Alguna vez fui de niño mientras mi padre construía los conos en las naves de esta bodega, tan enormes que para pasar de una a otra había que atravesar la calle Murillo.
Sus muros almenados conectan con los cerramientos de otras bodegas bollulleras y con alguna otra del Aljarafe sevillano.







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